(II) Tenía que empezar lo que tenía que empezar...

Llegó el día, me fui a casa, primero sin antes haber pasado días y noches cuestionándome en que había fallado, para que mi pareja, aquella que mil veces me había repetido que "ni con el pensamiento", con aquella que en conjunto aplicábamos la filosofía, de que las tentaciones sólo estaban afuera y que sólo las veríamos pasar, pero que nos íbamos a respetar y ese tipo de cosas... (y yo ciega en su palabra, onda caperucita roja creyéndole al lobo, creyéndole todo).

Ese día estaba muy nerviosa, mis músculos estallaban en bombas de potasio y calcio, no podía pensar en nada más, sólo que esa tarde sabría con mayor certeza, si aquello era más serio de lo que
yo me imaginaba. Me alistaba para irme a casa.

El aerotaxi se demoró como nunca, era todo como si se estuviera dando, para que yo no hablara con ella. Mientras nos trasladábamos desde el aeropuerto a casa, el chofer, a quien yo ya conocía, después de 2 años de estar utilizando el servicio, comenzó a charlar. ¿Se han dado cuenta que cuando una NO DESEA HABLAR, siempre hay personas que quieren que lo hagas?. Y cuando deseas hablar, en general, la gente quiere que calles o
simplemente hacen como que te escuchan, pero no escuchan nada de lo que hablas?, en general digo. Eso pasó, el chofer no paraba de hablar y hablar, parecía cotorra, no lo paraba ni un parte policial, de hecho, deberían haberle sacado un parte por contaminación acústica ese día, pero bien, él no callaría, menos si él sabía que yo habitualmente aprovechaba de ponerme al día con los asuntos de la ciudad y esas cosas. Ese viaje duraba aproximadamente 20 minutos, así que imagínense cuan eterno se me hizo. Y yo sólo escuchaba reverberar intensamente, onda sala de ópera, con un lejano sonido marino. Se extrañó con mi ausencia, y al final sólo atinó a preguntarme que porque estaba tan triste y calló.

Sólo respondí ...

---“Y el tiempo pasa tan rápido”--- como contestándole cualquier burrada.

Saqué las llaves y abrí. Nuestro auto no estaba, aún no llegaba de su trabajo. Así que tuve tiempo de relajarme y beber algo antes de verla.

Aún recuerdo en la piel, esa sensación de no querer verla para no escucharla decir aquello. Recorrí toda la casa, salí al balcón de nuestra pieza, a la terraza que rodeaba toda la casa, tratando de
relajarme y no hacer una locura como agarrar mis cosas e irme a casa de mamá. Sí, a casa de mamá, aunque no lo crean, necesitaba volver a ser hija de mamita, pollerúa y regalona, onda con el desayuno en la cama, y pegada a la mamá todo el día, ni al baño la mamá sola.

Eso de irme a casa de mamá, nunca lo había pensado, ni siquiera cuando teníamos esas discusiones terribles y nos negábamos el habla por días. Por esos días tan preciados, ya que eran muy pocos los días que estaba en casa, yo me desesperaba si no me hablaba, y siempre era yo quien cedía, siempre era yo quien daba más en aquella relación. (Seguro, quizás todas las chicas escorpiones, son así, orgullosas y rebeldes, nunca ceder estaba en sus actitudes...pero termina cansando...)

El tiempo se hacía interminable en aquella espera. Mi perrita, una Yorkshire enana, me seguía por toda la casa, la veía y recordaba cuanto la había deseado. La había comprado hacía poco, era una enana hermosa. La tomé en brazos y me dediqué a hacerle cariño mientras esperaba. Hoy me recuerdo y me veo casi loca, casi peinando la muñeca en telenovelas venezolanas...

De pronto sentí que alguien llegaba y fue ahí, cuando mis latidos no pararon de disminuir, aumentaban como queriendo el corazón escapar y meterse en esa máquina del tiempo cerebral que te permite volver al pasado y recordar todo antes de aquella llamada. Arritmias venían, arritmias iban. Dejé a mi cachorra en su camita, volteé y suspiré cuando me di cuenta que no era ella, que era mi cuñado. No pude más, solté las lágrimas retenidas aquellos días y fue un relax que no esperaba. El, sólo me decía...

---”Yo le dije, yo le dije que tuviera cuidado, que esa chica quería algo más y que se estaba arriesgando demasiado...”---

Peor!!!!, Furia!!!, uyyyyyy, como me hervían los celos, sentí que sí había pasado algo más, desde ese momento mis neuronas trabajaron mucho más que estando lejos, como zapateaban Dios!, pobres mielinas y axones, mis neuronas se secaban, construyendo una realidad que aún no confirmaba. Me veía bailando con tribus indígenas, onda, “relájate muñeca”, mientras su hermano me tiraba un par de guantes de box desde su pieza y la nuestra parecía cuadrilátero de boxeo, que potente es la imaginación cierto?.

Mientras estaba con su hermano, llorando como Magdalena, no me había percatado que ella ya había llegado y que no atinaba a subir a nuestra pieza, porque seguro, tampoco sabía como enfrentarme. Seguro, iba a necesitar un buen par de razones para
convencerme de que sólo había sido lo que ella había dicho, y no me refería a ese PAR DE RAZONES que habitualmente se imagina el resto de la gente....

Pero tenía que empezar lo que tenía que empezar....